sábado, 2 de febrero de 2013

Capítulo 8. Reencuentro más que inesperado


Lo siento. Lo he subido todo lo antes que he podido pero estoy muy ocupada. No sé cuando subiré el siguiente pero en fin, aquí esta el octavo capítulo. Como siempre gracias por leerlo y espero que os guste.

No sólo la conozco. Hay más. Por mi culpa y por la culpa de Katniss esa chica está ahí. Nosotros tuvimos la oportunidad de salvarla y no lo hicimos.
Nos encontrábamos en el bosque, en lo alto de la colina donde comíamos habitualmente, cuando los vimos. Dos chicos corrían todo lo rápido que le permitían sus piernas. Recuerdo preguntarme a mí mismo qué hacían. ¿Huir? Nadie entraba en el bosque por miedo a los animales salvajes. Pero esos chicos no corrían en dirección al Distrito 12, sino justo en la dirección opuesta. Me percaté de que no eran de nuestro distrito. Ella era pelirroja. Nadie en el doce era así. Todos éramos castaños o, al menos, la mayoría. La hermana de Katniss y su madre, junto a otras personas, tenían el pelo de un tono claro. Katniss y yo seguíamos inmóviles cuando mi mirada y la de la chica se encontraban. En sus ojos se podía ver desesperación. Y justo cuando la boca de la chica se movía, articulando alguna palabra, un sonido ensordecedor invadió el silencio del bosque, impidiendo que oyese las palabras de la chica pelirroja. En el cielo apareció un aerodeslizador, la chica seguía llamándonos cuando una lanza atravesó el cuerpo de su compañero. Katniss y yo no nos escondíamos, éramos incapaces de mover un músculo y solo podíamos permanecer allí, intactos. Sin escondernos. Sin ayudar a la chica y a su compañero. Una gran red calló sobre la chica. Ésta se retorcía, intentando aferrarse al cuerpo de su compañero. Un brazo de hierro bajó desde el aerodeslizador y se llevó al chico. La chica nos miraba y gritaba hasta que, finalmente, la red ascendió y desapareció junto a la chica. Katniss y yo seguíamos son movernos. El aerodeslizador permaneció allí, quieto, al igual que nosotros. Me percaté de que podía vernos sin dificultad y, despacio, muy despacio, cogí la mano de Katniss y lentamente nos escondimos tras unos matorrales. Pareció que pasaban siglos hasta que finalmente la nave ascendía y desaparecía de nuestra vista. Cuando llegué a casa, temblando, me abracé a mi madre aun con esos ojos desesperados en mi cabeza.
Ahora volvía a tenerlos delante. Sin embargo no reflejaban desesperación, sino sorpresa.
-Eso es imposible, Katniss, ¿cómo vas a conocer a un avox? – pregunta Effie con una voz algo nerviosa.
Avox. Miré su boca, esos labios encorvados hacia a dentro. Sí, a esa chica la habían convertido en avox, le habían cortado la lengua y la habían obligado a servir al Capitolio. Sólo de pensarlo se me hizo un nudo en el estómago, más aún sabiendo que yo podría haber evitado esa injusticia.
Por otro lado, conocer a esta chica suponían un peligro. Conocer a una traidora que no había estado nunca en el distrito 12 era imposible, a no ser que nos hubiéramos conocido en el bosque, como había pasado en verdad. Miré a Katniss y ésta me miró. Le hice un gesto con los ojos casi imperceptible y entonces lo entendió. Nos podían descubrir, y con nosotros a nuestras familias.
-Cierto, no la conozco. Me ha recordado a alguien del Distrito 12. Lo siento.
Tras el momento incómodo, Effie y los demás continúan su conversación sobre el desfile. Pero esta vez ni Katniss ni yo participamos en ella. Nuestras miradas van desde nosotros a la chica que se sitúa a un lado de la mesa, de pie, esperando alguna orden de los presentes en la mesa.
La cena se acaba y nos vamos a nuestras habitaciones. Katniss y yo no podemos hablar. No sólo porque no tengamos privacidad, también porque  sería demasiado sospechoso. Cada vez estoy más seguro de que graban y analizan cada uno de nuestros movimientos y temo que las consecuencias de nuestros actos las paguen nuestras familias. Justo cuando estoy en la puerta para entrar en mi habitación aparece Haymitch.
-Gale- dice mientras se acerca por el pasillo. Va borracho y con su copa en la mano como siempre. Ya no me sorprende verlo en este estado ya que estoy empezando a acostumbrarme – mañana tú y Katniss tenéis…
Entonces deja de hablar y se queda mirando el suelo. Se balancea hacia adelante y hacia atrás y parece ausente.
-Haymitch – no me escucha así que me acerco a su oído - ¡HAYMITCH! – se lleva la mano al oído y la copa cae al suelo, llenándonos a ambos de licor. Esta es la gota que colma el vaso – Se acabó. ¿Eres nuestro mentor? Pues no lo parece. Katniss y yo queremos volver a casa y tú eres el único que puede ayudarnos, pero si estás ausente todo el tiempo es imposible que puedas hacer nada.  – me giro y veo a Effie y a Katniss en el pasillo. Creo que he gritado bastante.
Haymitch se da la vuelta y se encierra en su habitación. Effie también se va y nos quedamos Katniss y yo solos en el pasillo.
-Creo que yo tenía más ganas de gritarle que tú – me dice con una sonrisa cómplice.
-¿Con eso quieres decir que no debería haberle gritado?
-No. Quiero decir que me hubiera gustado haber sido yo quien se descargara con él – se acerca hasta mí y se apoya en la pared – Aunque por otra parte te lo agradezco. Tal vez que le grites tú sea mejor a que lo haga yo.
Me apoyo en la pared junto a ella.
-Tal vez no debería haberlo hecho. Creo que tiene sus razones para estar siempre ebrio.
-¿En serio? – me mira con los ojos muy abiertos.
-Imagínate. Un año tras otro. Cuidando de dos chicos. Quieras o no les vas a coger cariño y, finalmente, mueren. Así durante… - me quedo pensativo - ¿25 años?
Katniss retira mi mirada de la mía y la dirige al suelo.
-¿Ya das por seguro que no vamos a volver a casa?- su tono de voz no es de preocupación, ni de tristeza, ni de molestia. Simplemente es neutro.
-Katniss, ¿crees que tenemos alguna posibilidad de que alguno vuelva? Somos veinticuatro y sólo uno puede regresar. Si todos estuviéramos en igualdad de condiciones tal vez habría una posibilidad. Pero también tenemos que contar con los profesionales. Tal vez podríamos matar a uno, o a dos. Pero no a todos. Y no son solo los de los distritos uno, dos y cuatro. Siempre hay alguno fuerte en los demás distritos que se alía con ellos. Katniss no soy negativo, solo intento prepararme para lo que verdaderamente puede pasar.
-Ya, lo entiendo. ¿Quieres que nos aliemos? En el tren dije que no pero comienzo a creer que estoy equivocada. – me mira e intenta sonreírme.
-Me sentiría mucho más a salvo teniéndote a ti a mi lado. – con este comentario consigo sacarle una sonrisa.
Nos quedamos allí, en silencio. Hasta que recuerdo que Haymitch intentaba decirme algo cuando vino a buscarme.
-Katniss en seguida vengo.
Su habitación está al lado. No sé si llamar ya que en su estado lo más seguro es que esté durmiendo. Así que sólo lo hago cuando escucho unos ruidos al otro lado de la puerta. No obtengo respuesta así que entro sin permiso. Lo primero que veo que sorprende. Haymitch está en la puerta del baño, cogiendo unas botellas del suelo. Levanta la vista para ver quien ha entrado y cuando ve que soy yo vuelve a bajar la cabeza. Cuando ha conseguido coger las botellas sin que se le caiga ninguna entra en el baño y yo lo sigo para saber qué hace. Me quedo con la boca abierta. El suelo del baño está lleno de botellas vacía porque Haymitch ha vaciado su contenido por el lavabo. O eso es lo que está haciendo con las que acaba de coger. Se le caen varias al suelo pero no se rompen así que me acerco y las recojo. Intento ayudarle pero me las quita de golpe.
-Esto es algo que tengo que hacer yo. – su voz es muy ronca.
-¿Por qué Haymitch? ¿Por qué estás haciendo esto?
De repente deja de hacer su labor y me mira a los ojos.
-Es lo que quieres que haga, ¿no?
-Lo que quiero es que cuando tengas que ayudarnos estés sobrio. Y ahora te necesitamos. Tampoco te obligo a que vacíes todas tus botellas, pero sí que dejes de beber durante un tiempo.
-Eso es lo que intento hacer. La tiro para intentar superar mi adicción. Aunque sé que volveré a caer en cuanto terminen los juegos.
Me imagino a Haymitch en su casa, en la Aldea de los Vencedores, cuando Katniss y yo hayamos muerto, y siento un gran nudo en el estómago. Me gustaría que alguno ganase, aunque sólo fuese para impedir que Haymitch vuelva a caer en su adicción.
Haymitch deja de mirarme y sigue vaciando botellas. Me doy cuenta de que es mejor dejarlo solo.
-¿Qué me estabas diciendo antes? ¿Qué pasa con Katniss y yo mañana?
-Tenéis entrenamiento – dice casi sin inmutarse.
-Vale. Nos vemos mañana Haymitch. Descansa.
Él emite un extraño gruñido y yo salgo de la habitación. Puede que sea una de las personas más odiables del mundo, pero tiene sus razones. Él no tiene la culpa de haber salido elegido en la Cosecha, ni de haber ganado los juegos. No conozco mucho la historia de este hombre, pero algo me dice que ha estado más llena de baches de lo que jamás estará la mía. Quiero ayudarle, aunque no sé cómo, al igual que él nos va a ayudar a mí y a Katniss. Algo en mi interior me dice que nos va a ayudar, que con él tenemos una oportunidad. Y su fuerza para intentar alejar de él aquello que más desea me lo ha demostrado.
Katniss está en el suelo sentada así que me siento a su lado.
-¿Y bien?
-Está tirando todo el licor que tiene – veo como los ojos de Katniss se agrandan – y dice que va a mantenerse sobrio al menos hasta que terminen los juegos.
Katniss no dice nada, pero no deja de mirarme. Me pone nervioso que lo haga. Siempre me ha puesto nervioso que ella me mirase.
-He visto como mirabas a la chica del dos.
Me atraganto con mi propia saliva y comienzo a toser. Ella me da palmadas en la espalda hasta que al fin puedo volver a respirar con tranquilidad. No sé qué decirle, ¿cómo miro yo a esa chica? Simplemente hay algo en ella que me llama la atención pero no es el físico. Inmediatamente en mi cabeza puedo volver a ver esos ojos. Cuando nos miramos había algo en su mirada que no sabía cómo explicar.
-¿No me respondes? – me sorprendo al escuchar la voz de Katniss. Por un momento me había olvidado de que estábamos en el pasillo.
-No sé a qué te refieres. La he mirado, como he mirado a todos los tributos. – intento esquivar el tema. Sí, había algo que me llamaba la atención en especial de esa chica, pero no quiero que Katniss lo sepa. No quiero que se imagine cosas erróneas.
-Gale, te has quedado un montón de rato mirándola. Hasta que no han llegado los tributos del seis no has dejado de mirarla. Si es una estrategia para aliarte con los profesionales deberías de decírmelo si tú y yo vamos a ser aliados.
-La verdad es que no había pensado en eso. Hay algo en ella que me llama la atención. No sé lo que es. ¿Quieres intentar aliarte con ellos?
-No – su respuesta es rápida y sin dudas.
-Yo tampoco.
-Los del doce hemos estado siempre creyendo que… - le pongo una mano en la boca para que no siga hablando y ella abre mucho los ojos. Me acerco a su oído.
-Katniss ten cuidado. Aunque estemos condenados nuestras familias aún tienen una oportunidad de sobrevivir. No hagas que paguen por nuestros errores. – ella asiente y quito mi mano. Por los pelos.
Volvemos a mirar hacia la pared y ella apoya su cabeza en mi hombro.
-A veces olvido dónde estamos.
-Ojalá pudiera olvidarlo yo también. Tal vez así podría dormir algo – le digo bostezando.
-Tal vez deberíamos ir a dormir.
-No. No, por favor. Quiero quedarme aquí. Tal vez no vayamos a estar así nunca más – en cuanto pronuncio mis palabras me arrepiento.
-Esto es horrible. Nuestras familias nos necesitan. Pedirán teselas. Vendrán a los juegos. No puedo imaginarme a Prim en los juegos. – noto como su voz está a punto de romperse.
Una sombra llama nuestra atención y ambos nos giramos hacia un lado del pasillo. La visión me produce un escalofrío. En la entrada del pasillo acaba de aparecer la chica pelirroja. Katniss y yo dejamos de hablar y nos ponemos en pie.
-Katniss mañana tenemos entrenamiento. – ella asiente pero sin dejar de mirar a la chica.
-Lo siento. Si te he causado algún problema me gustaría pedirte perdón. – la chica niega con la cabeza y señala con un dedo la puerta de la habitación de Katniss.
Mi compañera avanza hacia su habitación y me saluda con la mano a modo de despedida. La avox y yo nos quedamos solos en el pasillo. Sé que tengo que decirle algo, lo que sea. Pero las palabras no salen de mi boca. Ella se limita a señalar mi habitación. Me giro y abro la puerta pero en el último segundo me armo de valor y me giro para decirle un ‘lo siento’ sordo ya que mis palabras no salen de mi garganta. Ella hace un gesto, intentando sonreír. Después entra en la habitación de Katniss y yo entro en la mía. Mañana es el entrenamiento y quiero tener algo de energía.

5 comentarios:

  1. Que bien que le ha propuesto ser aliados y que Haymitch se haya animado solito a tirar su licor. Con su ayuda, podrán sobrevivir más tiempo.
    A la espera del siguiente :)

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  2. Estoy impaciente por verlo, he comentado para nominarte a los Mockingjay's Song Awards en este blog http://cantodesinsajos.blogspot.mx/p/mockingjays-song-awards-premios-canto.html
    A ver si los hace. ^_^

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  3. http://cantodesinsajos.blogspot.mx/p/mockingjays-song-awards-premios-canto.html

    nominada

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