miércoles, 18 de septiembre de 2013

Capítulo 6. Sabes demasiado

Hola de nuevo chicos (: 
Deciros unas tres cositas, más o menos. UNA. Si algunos me tenéis afiliados en algún blog seguramente visteis que hace un par de días hubo algún cambio, pero cuando entrasteis no había subido nada. Y no subí nada, sólo todos los capítulos que tengo escritos hasta el momento para ponerlos como 'borrador' y poder subirlos poco a poco desde el móvil. DOS. Creo que podré ser puntual subiendo capítulos hasta el 11. TRES. Últimamente he estado algo inspirada, pero no en este blog, sino en otra historia que se me estaba ocurriendo escribir hace ya unos cuantos meses. La verdad es que no sé cuándo podré empezar a subir los capítulos, ya que los escribo poco a poco en el móvil y es un proceso bastante... lento -.- En fin os dejo aquí el enlace de mi otro blog: La facción antes que la sangre
Espero que disfrutéis del capítulo :)




-Te he dicho que no puedes cambiar el pasado, así que deja de intentarlo, ¿vale?
La niebla se vuelve espesa y la imagen del sable clavado en mi estómago desaparece. Me siento mareado y agotado. He intentado salvar a Katniss de los brazos del chico del Distrito 11, Tresh; y sólo he conseguido sentir un vacío en el pecho al descubrir que es imposible.
¿Quién diría que las sesiones serían tan duras? Ayer, cuando llegamos a la casa de Madox, a las ocho, preparó un banquete del cual sólo me comí medio plato de estofado con puré de patatas. Después subí a mi habitación y me quedé dormido en tan sólo dos minutos. Esperaba tener el doble de pesadillas, revivir los juegos una y otra vez; pero el cansancio se convirtió en mi aliado y no recuerdo nada de lo que ha aparecido esta noche en mis sueños. Me desperté cuando el sol comenzaba a entrar por la ventana, cómo cuando estaba en casa.
Cuando he llegado, Atalanta ha confirmado lo que suponía que tocaría hoy: analizar los juegos de Katniss. Este ha sido el primer recuerdo, su muerte, y no he podido analizarlo siquiera.
-Vamos a empezar desde cero, Gale. ¿Qué hizo Katniss en los juegos?
Cierro los ojos y, cómo si estuviera rodeado por la niebla, las imágenes comienzan a aparecer como una proyección en mi cabeza.
-Corría hacia el arco, al igual que Glimmer y otro chico. Él iba primero, pero Clove lo derribó con un cuchillo. Así que se apoderó Glimmer de él. Ella se quedó un momento petrificada, pero al final cogió una mochila que había cerca y corrió hacia el bosque.
-¿Y tú?
-Yo hice lo mismo. Corría hacia el arco primero, pero al final cogí una mochila y me marché.
-Está bien. Abre los ojos.
La obedezco y me sumerjo en otra proyección. Las imágenes viajan a toda velocidad frente a mí. Katniss a punto de morir de sed, vagando por el bosque sin orientarse. Entonces, encuentra un estanque. Las imágenes son desconocidas, hasta que el fuego aparece y me resultan familiares. La veo corriendo, esquivando las bolas de fuego que amenazan con quemarla. Una de ellas le da en la pierna y cae al suelo, se levanta justo a tiempo para esquivar una segunda bola y entonces, aparezco yo. La llevo hasta otro estanque que hay cerca y la ayudo a recuperarse un poco. Es entonces cuando discutimos.
-¿Por qué crees que no quería aliarse contigo?
-Porque juntos teníamos más oportunidades. Llevamos años enfrentándonos a los peligros juntos, ayudándonos el uno a al otro somos bastante letales. Creo que Katniss tenía miedo de que los dos quedásemos con vida al final y uno tuviera que matar al otro.
Atalanta guarda silencio unos instantes antes de responder, como si estuviese meditando la respuesta.
-He estado estudiando su comportamiento. Tú teoría es bastante acertada. Yo, sin embargo, creo que también quería mantener los recuerdos de vuestro distrito, que lo último que os uniera fuese vuestro bosque y no los juegos.
Tal vez. Puede que mientras yo pensaba que Katniss no valoraba ya nuestra amistad, ella sólo estuviera intentando mantenerla al margen, en nuestro bosque. Cómo si no quisiese que el resto del Capitolio conociese nuestra amistad y los sacrificios que estábamos dispuestos a hacer por el otro. Y, en el fondo, tiene sentido.
-Quiero ver más – digo después de haber tomado una profunda bocanada de aire.
La niebla me engulle unos segundos y desaparece rápidamente. Katniss está subida a un árbol bajo el que están pasando los profesionales. Recuerdo entonces que siempre era ella la que subía a lo más alto de los árboles para recolectar frutas. Su estatura y su agilidad innatas eran una gran ventaja en ese aspecto.
-¿Cómo va eso? - pregunta desde arriba en tono burlón.
Los cuatro profesionales se sobresaltan y miran hacia arriba. Es algo extraño, pero la risa de Clove resulta aterradora.
-Bastante bien – responde Cato - ¿Y a ti?
-Un clima demasiado cálido para mi gusto – veo como pasa la mano por la zona quemada de su pierna. Aquí arriba se respira mejor. ¿Por qué no subís?
-Creo que lo haré.
Cato avanza hacia el árbol, pero Glimmer lo detiene.
-Toma esto, Cato.
Le entrega el arco y las flechas plateadas. Los ojos de Katniss brillan de deseo.
-No – Cato los aparta con genio – Me irá mejor con la espada.
Sé por qué odia tanto a Katniss. Se creía el mejor de todos  los tributos y ella sacó un once, una puntuación mayor que la suya, un diez. El ridículo que siente hacia sí mismo debe de ser lo que lo incite a matarla, las ganas de demostrar a todo Panem que esa nota es un error.
Cato empieza a escalar y Katniss hace lo mismo, aumentando la distancia y recordándome a una de las ardillas a las que siempre acertaba en el ojo con su arco. Menos mal que no le tiene miedo a las alturas, porque está a más de veinte metros de altura cuando a fin la rama sobre la que está Cato cede bajo sus pies. Se levanta del suelo soltando palabrotas y ahora Glimmer intenta subir, pero bajo a los mocos metros de altura. Sin embargo, en lugar de darse por vencida, coge el arco y dispara hacia Katniss. Sin lugar a dudas, es una lástima que ese arco no hayan acabado en manos con menor puntería. Lo más cerca que está de darle es cuando una de las flechas se clava bajo el tronco en el que está subida Katniss, quien se agacha para coger la flecha y la agita con burla.
Los profesionales se agrupan y charlan sobre qué pueden hacer. Finalmente deciden quedarse toda la noche allí. Dos dormirán mientras otros dos estarán montando guardia, uno de los cuales intentará hacerla bajar.
Los primeros en montar guardia son Marvel y Cato. Marvel juguetea con su lanza mientras Cato sube al árbol y comprueba la dureza de las ramas. Pero no consigue subir más de diez metros.
-¿Y si quemamos el árbol? - sugiere Marvel – O bien, arde con él; o saltará y morirá en la caída.
-No – gruñe Cato – Quiero hacerlo yo.
-Yo también quiero matarla. No soporto que se lleve tanto protagonismo una escuálida del Distrito 12.
Cato lo ignora y sigue probando las ramas del árbol. No vuelven a hablar. Fue una noche larga para Katniss. Al rato, los sustituyen Glimmer y Clove. Glimmer se sienta con la espalda pegada al suelo, finalmente se levanta y apunta con el arco a Katniss.
-¿No crees que ya has perdido suficientes flechas hoy, Glimmer? – comenta Clove con tono burlón.
Glimmer la fulmina con la mirada y vuelve a sentarse. Entonces Clove se aleja al árbol que hay más cerca del de Katniss y comienza a subir. Cuando está a una altura de siete metros más o menos y las ramas comienzan a volverse endebles, lanza uno de sus cuchillos. Éste corta el aire y se clava en el tronco, junto a la mano de Katniss, pero no sin antes haberle hecho un buen corte en la pierna. Katniss baja la mirada, aterrorizada; y Clove grita de frustración.
-¿No crees que ya has perdido suficientes cuchillos hoy, Clove? - pregunta Glimmer sin dejar de reír.
-Yo al menos le he dado, Glimmer. Tú sólo le has dado al tronco – dice Clove mientras baja del árbol tambaleante.
-Tú también perdiste el que le diste al chico del 12.
-No se lo di – Clove sube mucho la voz. Mira a Cato y a Marvel, que están tumbados uno junto al otro y añade en voz más calmada: - Sólo fallé.
Poco a poco va amaneciendo, aunque supongo que Atlanta está manipulando los vídeos del Capitolio que me enseña para que avance más deprisa. Entonces la imagen se centra en Katniss y en el árbol por el que Clove trepó. En lo más alto de este último, está Rue, que le señala algo a Katniss. Ella mira hacia lo alto de su árbol y después baja la mirada, todos los profesionales se han quedado dormidos. Entonces asiente hacia donde está Rue y comienza a subir de nuevo, esta vez con más cuidado de no hacer ruido y de asegurar los pies y las manos. Unos metros por encima de ella, hay un nido de rastrevíspulas. Cuando llega a su altura, Katniss coge el cuchillo de Clove y corta la rama. Recibe tres picaduras, pero al final, la rama cede y l nido se estrelle contra el suelo, junto a los profesionales.
Las rastrevíspulas son insectos manipulados genéticamente por el Capitolio. Cuando localizan a su víctima, la persiguen hasta que consiguen picar. Además, sus picaduras producen alucinaciones y, a veces, llegan a matar a una persona. Lo que ocurre bajo el árbol por el que Katniss comienza a descender es el caos. Todos corren, intentando apartarse los insectos con las chaquetas. Glimmer no deja de tropezar hasta que se queda tirada en el suelo, echa un ovillo. Aparto la mirada de su cuerpo hinchado por las picaduras justo en el momento en el que Katniss cae de una altura de diez metros del árbol. Por suerte, el terreno es blando y algunas ramas han frenado la caída. Se acerca a Glimmer agarrándose a los árboles para no caer y le arrebata el arco y las flechas.  Después gatea hasta ocultarse en una zona rocosa y se escurre debajo de una enorme roca gris con un pequeño hueco, donde pierde el conocimiento.
La niebla regresa.
-Ya sabes lo que pasó después. Rue cuidó de ella mientras tú ibas a llevarles alimento. Cuando despertó te pidió aliarte con ella y lo rechazaste. ¿Sabes por qué quería aliarse con ella?
-Le recordaba a su hermana, a Prim. Supongo que quería mantenerla a salvo, al igual que lo hizo con ella al presentarse voluntaria. Sé que era lista, pero no era la razón por la cual ella y Rue se aliaron.
Atalanta no contesta, sino que enlaza otras imágenes. Ahora Katniss y Rue hablan mientras comen.
-¿Por qué no quiere tu amigo aliarse con nosotras?
-No lo sé. Supongo que prefiere aliarse con los profesionales o los del Distrito 6.
-No me fío de ellos. De ninguno. Esconden algo. Los he observado.
-¿Has observado a los profesionales?
Rue asiente y muerde el hueso que sostiene entre las manos.
-Están junto a la Cornucopia. Tienen los suministros apilados en una pirámide. Katniss...
-¿Sí?
-Gale parece amigo de la tributo del dos. No me gusta. Creo que ella y Gale tienen algún tipo de trato de no hacerse daño. Gale ayudó el otro día a Cato y dijo que Clove se lo había pedido. Supongo que querría algo a cambio y creo que... Bueno, creo que Gale le dijo que no le haría daño a Cato si ella no te hacía daño a ti. Pero ella no ha cumplido su parte.
Katniss baja la vista hacia su pierna, donde Rue tiene la mirada fija, y trata de cubrirse la herida con el pantalón.
-Será nuestro secreto, ¿vale? Si Gale quiere hacer tratos con ella, que los haga. ¿Has dicho que los suministros están apilados junto a la Cornucopia? - Rue asiente y Katniss le sonríe – Es el momento de recordarles a los profesionales que en Los Juegos del Hambre, se pasa hambre. Tengo un plan.
La niebla regresa y noto cómo el cuerpo se entumece. Clove rompió nuestro trato, en el fondo ella también quería matar a Katniss. Sin embargo, me salgó, aunque dudó en el último momento.
-Sé lo que estás pensando – corto mis pensamiento Atalanta – En mi opinión, Clove sólo intentaba ganarse tu confianza para acercarse a ti y matarte, como todos. Pero no quería que lo hiciese Cato, sino ella. Sospecho que el Capitolio le prometió algo que la obligó a confiar en ellos y a matarte. Desde luego, unos cuantos cuchillos dan un mayor espectáculo que una espada, un arco o una lanza. Sólo hasta el último momento, en el que supo que era incapaz de matarte porque tú confiabas en ella, decidió salvarte. Además, Cato ya había muerto y ella había dejado de querer luchar.
-Sólo fue una traición – susurro, aunque sé que, por muy bajo que hable, Atalanta me escuchará.
-Sin duda, probablemente no estarías aquí si ella no hubiera aparecido junto a la Cornucopia. Creo que los mutos no la atacaron porque los Vigilantes querían que ella estuviera fuerte para matarte. Tal vez querían que te torturase hasta morir. A ese tipo de información no tengo acceso.
-Pero no lo hizo.
-No. Eso ha cabreado bastante a los Vigilantes. Aunque claro...
-¿Cómo sabes que los ha cabreado?
-...ella ya no tenía nada que perder. Sólo su vida y, al parecer, no le importaba demasiado sin Cato.
Guardamos silencio durante unos segundos. No entiendo nada.
-Se supone que vine aquí para que me ayudaras a volver a confiar en la gente.
-¿Es eso lo que quieres? ¿Confiar de todo el mundo sin saber si merecen tu confianza? Estás en peligro, Gale. Lo sabes. Lo único que quiero hacer es enseñarte a saber quiénes son de fiar y quiénes no.
-Clove no era de fiar. - respondo al fin, y la verdad cae sobre mí cómo una roca enorme.
-Tampoco Cassandra y Will. Clove te pidió que los vengaras y, si teníais algo en común al final de los juegos, era el enemigo. ¿La vengarás?
Permanezco en silencio y recapacito sobre lo que Atalanta acaba de decir. Esto no se trata de quién intentó matarme y quién no. No se trata de olvidar a los que rompieron promesas, a los que me traicionaron; sino de acabar con esta tradición y vengar a cientos de tributos. Se trata de vengarlos a todos y cada uno. Se trata de acabar con el Capitolio.
-Sí – afirmo con fuerza.
-Recuerda siempre esto, Gale: podrás cambiar de opinión en el último segundo, pero una vez tomada una decisión, no hay vuelta atrás.
-Lo tendré en cuenta.
De repente la niebla desaparece y me encuentro de nuevo en la misma habitación que Madox. Miro a ambos lados, confundido.
-¿Ya está? - pregunto, esperando oír la voz de Atalanta, pero sólo escucho la de Madox al responder.
-Sí, ha terminado. Me ha pedido que vayamos a casa y te deje descansar.
-¿No voy a verla?
Madox se ríe mientras se acerca a la puerta principal y la abre.
-¿A Atalanta? Nunca se deja ver. Yo llevo años sin verla, desde que íbamos juntos a clase.
Sigo a Madox y cruzamos la puerta que da al callejón. Me giro para observar la fachada y me percato de que ésta es la puerta de atrás de la casa. La entrada debe estar en la calle paralela.
-¿Atalanta iba contigo a clases?
Madox asiente. Me giro para observarlo con detenimiento. Puede que sea un par de años mayor que yo, nada más; lo que significa que Atalanta también es casi de mi edad. ¿Alguien tan joven está preparado para tratar con tributos peligrosos? Aunque ni siquiera sé si ha estado en la misma habitación que yo.
Como el coche que nos esperaba no está, Madox decide volver a su casa a pie. Intento concentrarme en el colorido de la ciudad. Los tejados brillante proyectan un arco iris, al igual que las fuentes que hay en casi todos los cruces. Los coches que circulan por la carretera son de colores llamativos, al igual que la ropa y el pelo de sus propietarios. Los parques, llenos de árboles que parecen artificiales, ocupan terrenos infinitos. Me pregunto cómo podrá vivir toda esta gente en un lugar tan artificial. Pero aun así, el colorido de la ciudad no me quita de la cabeza la voz de Atalanta, recordándome una y otra vez que ahora soy capaz de conocer quiénes son mis enemigos, y quienes mis amigos. En el fondo de mi ser, reconozco al desconfiado muchacho que vuelve a apoderarse de mi cuerpo, aquel muchacho que no soporta al Capitolio y sus habitantes. Ese soy yo.
La casa de Madox está bastante alejada, pero después de atravesar decenas de calles y callejones, llegamos a la pequeña puerta que da al jardín. En ella, apoyado, hay un hombre. Madox avanza con decisión, aligerando el paso, para enfrentarse con el desconocido.
-Perdone, ¿puedo ayudarle? - pregunta desde la distancia.
Entonces el hombre se gira y Madox se detiene con brusquedad. Lo conoce. Le conozco.
-Madox. - lo saluda, después clava la mirada en mí – Hola Gale, jamás pensé que volvería a verte.
-¿Tan pocas posibilidades creía que tenía de ganar? - contesto con toda la brusquedad que me permiten mis temblores.
Los ojos. Son los ojos que me observan los que me impiden respirar con tranquilidad. Noto como me atraviesan la piel, cómo intentan llagar a mi cabeza y saber lo que pienso.
La verdad es que sí. El chico del Distrito 2, desde mi punto de vista, tenía muchas más posibilidades de ganar. Incluso tu compañera parecía mejor que tú. Desde luego, en un combate cuerpo a cuerpo, tú eras mejor que ella. Pero con esa puntería... le bastaba con luchar en la distancia.
Oír cómo habla de Katniss, cómo la alaba cuando él ha sido el principal responsable de su muerte es lo único que me hace falta para estallar. Pero sé que es lo que quiere, quiere que salte sobre él para tener algo por lo que arrestarme y ejecutarme delante de todo Panem. Eso le encantaría al Presidente Snow ahora que las grabaciones en las que salgo cazando con Katniss en el bosque no sirven. Si las mostrara ahora, todo el mundo sabría que la Cosecha no fue cosa del azar, sino algo preparado como un castigo. Y sin grabaciones, no tiene cargos por los que matar al campeón de los últimos juegos celebrados. Quiere que lo ataque y, por eso mismo, no lo hago; sino que adopto una posición despreocupada y me apoyo con una mano en la valla que separa la calle del jardín de Madox.
-La verdad es que no, Séneca. No me merecía ganar – no aparto la mirada de sus ojos claros – y no me considero ganador. Pero las cosas ocurrieron así y no hay vuelta atrás.
Madox se gira y me observa con los ojos muy abiertos. Sé lo que piensa, así que grito en mi interior agradeciéndole a Atalanta su trabajo, aunque sé que ya no puede oírme.
-Madox, ¿puedo hablar con Gale a solas?
-Sí – responde Madox nervioso, abriendo la valla de madera – Pase. Dejaré libre el salón y subiré a preparar...los tatuajes para esta tarde. - ¿Te parece bien, Gale?
Lo miro a los ojos. En realidad quiere preguntarme si seré capaz de hablar civilizadamente con Séneca sin meterlo en problemas. Me obligo a sonreír y a asentir, aunque la idea me provoque náuseas.
Séneca Crane y yo seguimos a Madox, quien corre a encender todas las lámparas de la sala principal.
-¿Quiere tomar algo? - pregunta Madox, Séneca a mi lado niega la cabeza, exasperado - ¿Gale? - me encuentro con sus ojos, está aterrado. Se supone que los habitantes del Capitolio no deberían temer al Vigilante jefe, sino adorarlo. Niego con la cabeza y el temor crece en el rostro de Madox. Poco a poco se aproxima a las escaleras, y desaparece por ellas. “No voy a atacarlo – me digo a mí mismo – Voy a controlarme. Por Madox y por el trabajo de Atalanta”
-¿Qué tal tus sesiones con Atalanta? - pregunta Séneca acercándose a un sillón y sentándose en él. - Toma asiento por favor.
-Perfectas – contesto, sentándome en el sillón que hay frente a él. - Me siento mucho más seguro de mí mismo.
-¿Eso es lo que te ocurría? ¿No estabas seguro de ti mismo?
-En realidad -digo, chasqueando la lengua. Me cuesta no hacer gestos desagradables mientras hablo con él – Acudí a ella porque he intentado atentar contra varias personas, incluso contra mí mismo. Atalanta me ha ayudado a comprender que estoy seguro y que no debo tener miedo. El miedo es lo que me incita a atacar.
-Entonces se podría decir que ya estás curado, ¿no?
-Completamente – añado con una sonrisa forzada.
-No voy a andarme con rodeos, Gale. Sabes demasiado.
-Con demasiado se refiere al hecho de que Katniss y yo fuimos elegidos en la Cosecha intencionadamente, ¿no? ¿O al hecho de que incitaran a los demás tributos para matarnos de una forma horrible para proporcionar más espectáculo a la vez que le enseñaban una lección a mi distrito sobre el cumplimiento de las leyes mientras que esos tributos recibían falsas promesas?
Séneca se ría, aunque sé que es una risa histérica.
-Me alegra que ganaras – comenta finalmente, pillándome por sorpresa – Desde luego estás haciendo un trabajo increíble. Con tu muerte en los juegos queríamos enseñarles al resto de tus vecinos las consecuencias de desafiar al Capitolio. Pero no estás muerto, y está resultando mejor incluso de lo que pensábamos. No cruzas la alambrada, estás completamente solo y has intentado matar a la gente de tu alrededor. Gale, - se inclina en el sillón, recortando la distancia que nos separa y sonriéndome. Su sonrisa me recuerda tanto a la de Marvel que no puedo evitar que se me forme un nudo en la garganta – es perfecto. Por supuesto – continúa, volviendo a su postura anterior – las imágenes en las que se declara que hablé con los tributos de los Distritos 2 y 6 no fueron transmitidos a los demás distritos, sólo al doce. Y ha surgido todo el efecto que queríamos.
Un momento. Bajo la mirada y observo la punta de sus botas de cuero negras. Esas imágenes sólo las recibió el Distrito 12. ¿Cómo las consiguió Atalanta?
-Sólo he venido a avisarte por orden del Presidente Snow – Séneca continúa hablando, aunque yo sólo le presto atención a medias – Ten cuidado. La muerte no es el peor de los castigos que una persona puede sufrir. Eres apuesto y muchas personas pagarían por tus servicios. - alzo la cabeza rápidamente, aterrado por lo que acaba de decir. Sonríe hasta tal punto en el que se le forman unas gruesas arrugas bajo los ojos – Sin embargo, nuestro presidente debe guardarte algo especial.
Se levanta del sillón y camina hacia la puerta de madera oscura que da a la calle.
-Nos veremos pronto, Gale – comenta antes de cerrar con un portazo.
Ha sido una amenaza. Si no sigo comportándome como hasta ahora, aterrando al distrito e impidiéndoles que incumplan las normas, el Presidente Snow se encargará de vender mi cuerpo o de algo peor. ¿Hay algo peor que eso? Ni siquiera convertirme en un avox lo parece. De repente, pienso en la avox pelirroja, la chica a la que debería haber ayudado en el bosque a escapar de manos del Capitolio. Parecía de aquí, del Capitolio, y huía. ¿Qué habría descubierto? ¿Qué torturas habría sufrido antes y después de convertirse en avox? ¿Hacia dónde iba? Me sorprende hacerme estas preguntas justo ahora, cuando debería de estar aterrándome otras cosas. ¿Qué hay peor que ser vendido a otras personas del Capitolio para diversión?
Y entonces encuentro una posible respuesta.
Mi familia.


4 comentarios:

  1. TIA LO DEJASTE DEMASIADO INTERESANTE Y OTRA COSA MALA PERSONA NO ME AVISASTE DE QUE YA TENIAS EL OTRO BLOG.
    MALA!

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    1. Jejeje lo sé (:
      Se me pasó, lo siento (la verdad es que no he avisado a nadie del otro porque no sé cuando subiré capítulo x) )
      ¡Y no te quejes de mí! Tú los dejas peores -.-

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    2. :O ¡Que gran acusación acabas de hacer hacia mi persona!

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